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Exportadores deben planear estrategias para negociar mejor en el mercado internacional. La clave del éxito empieza en conocer la estructura de los costos
-Por Gabriel Sanchez Campbell

 La última misión comercial de empresarios nicaragüenses a Estados Unidos dejó como resultado más de 18 millones de dólares entre pedidos y órdenes de compra para 40 exportadores nacionales.

 Todo parece indicar que el éxito pudo haber sido mayor. La misión, a pesar de su indiscutible éxito, dejó entrever debilidades en sus estrategias de negociación de preparación para la misión y en el conocimiento riguroso del mercado al que estaban atacando. “En general, los productores nacionales deberán mejorar si quieren conquistar nuevos mercados y llegar a ser más competitivos o lograr mejores resultados en estas misiones,” dijo un líder empresarial que no quiso que su nombre se mencionara.

 Fue evidente, por ejemplo, que el desarrollar estrategias de negociación es una práctica casi nula para la mayoría de los exportadores, razón por la cual a veces no podían adaptarse y optimizar sus citas comerciales.

 La excepción fueron un par de empresas que figuran en la categoría de grandes exportadores, cuyas afinadas estrategias de negociación y tácticas de mercadeo les permitió de manera casi inmediata el cierre de tratos concretos.

 Más aún, de acuerdo a un proceso de observación y entrevistas hechas durante la Misión Comercial a Miami se descubrió que sólo estas dos de 10 empresas entrevistadas tenían un plan estratégico para vender. El resto sabía que tenían que ser agresivos cuando vendían, pero no tenían un plan estructurado que les permitiera optimizar su negociación. Mucho menos manejarla y evaluarla.

 Por ejemplo, uno de los exportadores, cuyo nombre no mencionaremos, empezó hablando en una de las citas sobre las características de su producto y de los volúmenes de producción. Seguidamente, su conversación se movió a ofrecer un volumen diferente que “podría ofrecer si le compraban”, y hasta le ofreció al comprador suplirle productos que no producía en la actualidad, prometiendo enviarle muestras del producto futuro. El comprador, un tanto confundido a este punto, respondió que de momento no estaba interesado en esos bienes que le mencionaba pues tenía quien se los distribuía.

 Es decir, aunque el cliente potencial estuvo relativamente interesado inicialmente, el exportador demostró no estar claro de qué debería ofrecerle a su potencial cliente. Sin muestras, ni precios, ni ofertas, y con una conversación desenfocada, básicamente ofreció un producto que no se podía vender.

 Algunos de los problemas y apuros en los que los empresarios se metieron pueden resumirse de la siguiente forma:

 Conocimiento del mercado. Esto lo podemos dividir en dos partes: el conocimiento como tal de la evolución del mercado de manera histórica y la estructura de la cadena de comercialización por empresas.

 Los exportadores, en su mayoría no estaban claros que el dinamismo o evolución de los mercados habían impactado también a Miami y que este había evolucionado en los últimos años. Que hoy día hay distribuidores, comercializadores, detallistas y que hay empresas mixtas que hacen todas estas funciones a su vez.

 Fue gracias a la presentación que hizo Mario Suarez, un especialista en el desarrollo de negocios en Miami, para que los exportadores aprendieran de las muchísimas características del mercado de los Estados Unidos. No obstante la falta de atención de muchos de los exportadores en el momento de la presentación fue notoria. Unos iban y venía, otros se salían a su gusto y antojo.

 “Esta fue una de las mejores presentaciones que he escuchado sobre la estructura del mercado de los Estados Unidos,“ dijo Iván Saballos, director ejecutivo de NicaExport y Jefe de la Misión Comercial.”A algunos exportadores les permitió ajustar y prever mejor la forma como se movería con sus clientes”.
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 Si bien es importante saber cuál es la evolución de un mercado en particular, lo es más aun saber quién es el cliente con el que el exportador se reunirá, es decir la cadena de comercialización. En una consulta realizada a 10 exportadores, solo uno sabía que se reuniría con un broker, con comercializadores y con distribuidores. Este exportador era el único que sabía de manera general que de qué forma compraban sus clientes, y de qué manera general pagaban, etc.

 Según José Medina, dueño de la empresa American Fruit & Produce Corporation, una distribuidora de frutas y vegetales, es sumamente importante que cada empresa sepa cuáles son sus márgenes de comercialización. “Eso ayuda a tener respuestas rápidas, que es lo que queremos en este negocio.”

 La falta de información en la mayoría de los exportadores, les limitaba la toma de decisiones estratégicas o anticipar márgenes de ganancias que debían aplicar para los productos que ofrecían y además, les impedía saber cómo se tenían que moverse en cada eslabón del mercado.

 Por ejemplo, el comprador Anthony Aguirre, gerente de desarrollo de negocios de la empresa El Sembrador dice: “Nosotros como compradores en general queremos que el producto sea puesto en bodega. No nos interesa hacer negocios con quien no tenga la capacidad de hacerlo. En todo caso, el producto nos tendría que interesar demasiado o deberíamos estar en cierta posición de desventaja como en un período de incumplimiento en la distribución o abastecimiento del mismo como para aceptar o asumir ciertas cosas que no hacemos”, sostiene.

 Conocimiento de la empresa. Tres de cada 10 exportadores sabían con más o menos grado de precisión a quién visitaban. El resto sólo se había limitado a leer la información que les había sido entregada por el organizador. La información obtenida por los propios exportadores la consiguieron del Internet y aunque todos tenían acceso a bases de datos especializadas, ninguno las consultó.

 Barrera idiomática. En su mayoría los productores que viajaron a las negociaciones no hablaban inglés y los clientes que visitan sí, lo cual en algunos momentos hizo que algunos productores no entendían lo que decían sus interlocutores puesto que no dominaban el idioma. Por ejemplo, en algunas citas los compradores usaban el “spanglish”, o palabras en inglés en medio del español, para referirse a productos o momentos del proceso de comercialización.

 Durante la negociación. En este momento los clientes quieren respuestas inmediatas a las preguntas que hacen en relación a los costos de exportación del producto y para ello hay que hacer una lista de los diferentes costos en los que se puede incurrir para vender el producto en Nicaragua, en puerto del país de destino o puesto en la bodega del comprador. No obstante muchos de los exportadores –en su mayoría los pequeños y medianos- no estaban en la capacidad de responder inmediatamente lo que los clientes les preguntaban.


 Responder a los requerimientos del cliente: Los productos que los clientes visitados compraban tienen marcas específicas y debían adaptarse a diferentes necesidades de presentaciones, etiquetas, envases, o ajustes de sabores, entre otras cosas.

 Una recomendación importante es que hay que saber dar valor agregado a la presentación, sorprender al cliente con algo que le haga recordarle es importante. Así mismo siempre se pueden explorar nuevas oportunidades para vender productos y hacer más amplia la relación comercial con nuevos productos.

 Justamente en medio de una negociación un exportador, al final su intervención, le dejó a su potencial cliente un tarjetero de madera que decía Nicaragua y tenía el nombre de la empresa que representaba. El cliente se sorprendió, y fue este detalles lo que le hizo ceder en algunos términos que el empresario nacional pedía, como el permitirle tener una caja para frijoles como la que recibe de otros suplidores de este producto.

Por Gabriel Sánchez Campbell